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Al hilo del post de la semana pasada en el que hablaba sobre el curado del hormigón, en éste post quiero comentar un tema que a los técnicos nos saca de nuestras casillas pero que no siempre se aprecia la importancia por parte de quién lo hace. Se trata de esa maldita costumbre de añadir agua al hormigón.
Al igual que en el anterior artículo sobre cuidados del hormigón, quiero dar un enfoque dirigido a quién lo hace, al operario a pié de obra a quien nadie le ha explicado el tremendo daño que le está haciendo al hormigón por el simple hecho de añadir agua a la masa, no ha sido específicamente formado para la recepción y vertido de hormigón, sino que simplemente es lo que ha hecho siempre, de la misma manera, con los mismos vicios adquiridos de quien aprendió, que por supuesto tampoco nadie le había explicado esto (por desgracia, en algunos casos se explica pero no se escucha, pero esos son casos perdidos).
Así que voy a intentar no ser demasiado «técnico» en las explicaciones. Para los detalles técnicos ya están los libros, pero esos no llegan a quien yo quiero llegar.
¿Por qué le añaden agua al hormigón?
En muchas ocasiones la fuente del problema esta en el proyecto de la obra. Sí, sí, en el proyecto, ya que por el celo de algunos proyectistas en asegurar un hormigón lo más seco posible para conseguir mejores características, no se tiene en cuenta la trabajabilidad del mismo, por lo que cuando llega a la obra con la consistencia especificada es muy difícil trabajar con esa masa que más que hormigón parece plastelina.
Ante esto, y ante la falta de información del problema, los operarios encargados de poner ese hormigón en obra optan por añadir «un poco» de agua (así, a ojo) para que esa pasta se vuelva un poco más trabajable, sin tener en cuenta las consecuencias que esto conlleva.
En otras ocasiones nada tiene que ver con que el hormigón se prescriba especialemente seco, sino que ya se ha creado la costumbre de «ablandarlo» venga como venga. Claro, cuanto más fluido sea la masa más rápido se coloca y ya sabemos la importancia que tiene la velocidad de ejecución en los destajos (malditos destajos).
La importancia de la proporción
Repasando lo que ya expliqué en el post sobre el curado del hormigón (te remito a él para la explicación completa), el hormigón necesita una cantidad de agua por determinada cantidad de cemento para que se produzca la reacción química que hará que se endurezca. Ni más ni menos, una proporción muy estudiada.
Tan importante es que la cantidad de agua sea la adecuada que incluso se tiene en cuenta la humedad que puedan tener los áridos de la composición, pues podría influir en el resultado final. Así que, si la humedad de las piedras de la mezcla influye, imagina lo que puede influir un chorro de agua a ojo en la masa.
Menos cantidad de agua de la necesaria hará que no todo el cemento reaccione y endurezca, que es el caso que contaba en el anterior artículo.
En el caso de hoy ocurre lo contrario. Cuando ya se ha producido la reacción del agua con el cemento la masa ha endurecido, se ha utilizado toda el agua que el cemento necesitaba para completar la reacción, la cantidad justa, pero ¿qué ocurre si el hormigón tenía más agua de la necesaria? ¿Qué consecuencias tiene para el hormigón el agua sobrante?
Consecuencias de añadir agua al hormigón
Os podéis imaginar que esa agua que no ha reaccionado (la sobrante, la que se ha añadido de más) no desaparece sin más, sino que se queda dentro de la masa del hormigón ocupando unos espacios, unos huecos que no son hormigón, sino agua. No son piedra dura, sino líquido. ¿Pero si el agua no es resistente? Efectivamente, he aquí uno de los problemas, pero hay más.
Por un lado, una de las consecuencias es la que acabo de mencionar, la heterogeneidad de la masa, es decir, que no todo el hormigón es hormigón, sino que algunas partes son agua embebida en la masa, en pequeños huecos, en ocasiones microscópicos, pero suficientes para reducir la resistencia del hormigón, suficientes para crear zonas sin la dureza prevista que acaban por reducir la resistencia general de la pieza.
A mayor volumen de poros, menor volumen de masa de hormigón, que es al fin y al cabo la que tiene la resistencia. El aire de los poros no resiste.
Estas zonas ocupadas por agua en vez de por masa endurecida puede que estén rodeadas de hormigón, pero también puede suceder que esa zona esté en contacto con el armado de refuerzo.
Anda ¡agua en contacto con acero!
Creo que no es necesario que comente cuál puede ser la consecuencia de poner en contacto el agua con el acero. Tarde o temprano se convertirá en un inicio de oxidación, un inicio de degradación del elemento de hormigón. Quizá no será en un año, ni en dos ni en diez, pero recordemos que una estructura de hormigón tiene que durar mucho más que eso y tenemos que poner el cuidado necesario para que lo haga en las mejores condiciones posibles.
Por otro lado, el agua que se encuentra en el hormigón tarde o temprano acabará evaporando, saldrá de la masa dejando un hueco vacío. Bueno, vacío no, será ocupado por aire y se creará un poro. Quizá un poro aislado no signifique nada, pero si la cantidad de poros es elevada la cosa cambia. Cuantos más poros, más zonas sin resistencia.
Además, si estos poros se van conectando entre ellos y acaban estando en contacto con el exterior, se convertirán en una vía de entrada de agentes ambientales al interior de la masa, lo que iniciará un proceso de degradación del elemento en cuanto ese ambiente exterior alcance la profundidad a la que se encuentra el armado. Es lo que se llama carbonatación del hormigón. Si la carbonatación alcanza al acero de armado se inicia la oxidación del mismo y más pronto que tarde precisará una reparación.
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Oxidación de armaduras por carbonatación de hormigón[/caption]
Los daños por carbonatación tienen también relación con la profundidad a la que se encuentran los armados, de ahí la importancia de utilizar separadores para garantizar que no se encuentran demasiado cerca de la zona exterior del hormigón, pero de eso hablaremos en otro post de ésta serie de cuidados del hormigón.
En definitiva, añadir agua al hormigón aumenta la porosidad del mismo y por tanto disminuye la durabilidad y la resistencia. ¡Ahí es nada!
Añadir agua al hormigón aumenta la porosidad y por lo tanto se disminuye la durabilidad y la resistencia.
Otra consecuencia a tener en cuenta es la que afecta al anclaje de las armaduras.
Aunque profundizaremos más en futuros post sobre el cuidado del hormigón, pero por introducir el tema, para que las armaduras de refuerzo que se encuentran en el interior del hormigón cumplan con su cometido es necesario que se encuentren perfectamente ancladas al hormigón, es decir, aprisionadas, impedidas por la fuerza que el hormigón ejerce sobre ellas de manera que ambos materiales trabajen en conjunto, íntimamente unidos.
Sin embargo, vamos a pensar de nuevo en aquellos pequeños espacios en los que se había quedado encerrada el agua, especialmente los que estaban junto a los armados.
Para que el hormigón presione al acero tiene que haber hormigón. Parece de perogruyo, pero es precisamente lo que no ocurre cuando en vez del hormigón necesario hay agua (o aire, en caso de que se haya evaporado el agua). Si no hay hormigón no hay presión y por lo tanto se debilita la acción de refuerzo del armado, la unión entre ambos materiales se puede romper por la menor resistencia.
Si solo ocurre en una zona microscópica y puntual no pasa nada, pero si por culpa de haber añadido exceso de agua al hormigón, éste es mucho más poroso de lo deseable, la cosa cambia. El anclaje y por tanto el refuerzo del hormigón puede verse seriamente comprometido y acabar provocando la aparición de grietas en zopnas donde debería estar trabajando el acero.
Cuanto menos volumen de hormigón se encuentre en contacto con el acero, menos presión de anclaje y por lo tanto menos resistencia de la pieza.
Más consecuencias.
Todos sabemos que en una mezcla, lo más pesado tiende a irse al fondo y lo menos pesado sube a la superficie ¿verdad? Pues bien, debido a éste efecto, parte del exceso de agua subirá a la superficie (exudación) haciendo que la proporción de agua en relación con el cemento en la superficie disminuya drásticamente, tanto que en algunos casos el hormigón de la superficie puede llegar a romperse simplemente con la mano por la gran cantidad de agua que ha subido, quedando prácticamente una superficie de barro fino.
Evidentemente la primera consecuencia de ésto es la baja resistencia de la superficie del hormigón.
Además, el agua exudada (esa que ha subido hasta la superficie) va a tender a evaporarse rápidamente, tan rápidamente que se van a producir fisuras en la superficie del hormigón, ya que los espacios dejados por el agua al evaporarse van a querer ser rellenados por la masa, la cual retraerá y provocará esas fisuras.

Otra consecuencia de este efecto de exudación es que aumenta drásticamente la porosidad superficial, por lo que se facilita que el ambiente exterior alcance a las armaduras (se favorece la velocidad de carbonatación) iniciando un proceso de oxidación que ya hemos comentado.
Entonces ¿Qué hacer si el hormigón llega tan duro que no se puede trabajar?
Esta es una situación habitual. Como he comentado una de las causas de que ésto ocurra está en el propio proyecto en el que se prescriben hormigones muy secos. Sería deseable que el proyectista tuviera en cuenta que ese hormigón tiene que ser colocado, y por lo tanto prescribiera un hormigón con mayor trabajabilidad, previendo el uso de aditivos que conservaran la relación agua/cemento pero que le dieran mayor fluidez a la masa para su colocación.
Si esto no ocurre y el hormigón se prescribe seco, la contrata debería adelantarse al problema y tratar de acordar con la dirección de obra el uso de aditivos, hormigones autocompactantes o bien un cambio en la consistencia del hormigón, pero modificando la dosificación en planta, nunca a pie de obra.
También puede suceder que se pida a la planta una consistencia del hormigón pero que la que llegue sea diferente por cualquier causa (error de dosificación, trayecto…). No debe servir como excusa para añadir agua. Si el hormigón no ha llegado con la consistencia solicitada SE DEVUELVE. Sí, sí. Tal cual. Si no se ha servido el hormigón solicitado no hay que tener miedo a devolverlo, cualquier cosa antes que añadir agua al hormigón ¿o es que prefieres bajar la calidad de tu trabajo antes que exigir que te sirvan lo que has pedido?
Si a pesar de todo, se ha solicitado que se modifique la consistencia, que se añadan fluidificantes, se ha comprobado que el hormigón servido es el solicitado, el hormigón sigue siendo muy seco, solo queda una opción… HAY QUE JODERSE Y COLOCARLO ASÍ. Nada de añadir agua, nunca, jamás. Tendrás que tardar más en colocarlo, trabajarlo más con el vibrador, poner maýor cuidado en no dejar coqueras, pero en ningún caso añadir agua. Negocia si quieres un mayor precio por colocación dificultosa, pero NO AÑADAS AGUA.
Creo que ha quedado claro ¿no?
En resumen
Como hemos visto, la simple acción de coger una manguera y añadir agua al camión para que éste sea más fluido y más fácil de trabajar conlleva consecuencias que pueden llegar a ser muy graves:
- Disminución de resistencia.
- Aumento de porosidad.
- Disminuye la durabilidad.
- Favorece la carbonatación.
- Empeora el anclaje de las armaduras.
- Favorece la oxidación del armado.
- Fisuración superficial.
- Aumenta la velocidad de carbonatación.
- Baja la resistencia superficial.
- Seguro que me he dejado alguna… completa la lista en los comentarios.
¿Todo esto simplemente por coger la mangeura y añadir agua al camión hormigonera? Ya ves.
Quizá tú, si tú, el que tienes la misisón de verter el hormigón no pienses más que en terminar rápido tu trabajo para cobrar y a otra obra, sin importar la calidad del mismo. Si después de leer este post sigues pensando que así, no mereces ser un profesional de la construcción, vete a otra parte y deja sitio a los buenos profesionales.
Espero que si no conocias las consecuencias de eso que has estado haciendo desde siempre, dejes de hacerlo ahora que las conoces. Los que compren los edificios en los que intervengas te lo agradecerán.
Si quieres encontrar más contenido relacionado con la serie de Cuidados del Hormigón, aquí tienes lo que he escrito hasta ahora sobre el tema:
Calzos separadores de hormigón
La importancia de un buen vibrado del hormigón
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